
Grupos de habilidades sociales en la infancia: un espacio para aprender con otros
Las habilidades sociales no son algo con lo que se nace o no se nace. Se aprenden, se entrenan y, sobre todo en la infancia, se desarrollan en relación con otras personas. Por eso, los grupos de habilidades sociales son una herramienta especialmente valiosa para acompañar a niños y niñas en su desarrollo emocional y social.
En nuestro centro trabajamos las habilidades sociales en formato grupal porque creemos que el grupo ofrece un contexto natural y seguro para practicar aquello que después ocurre en el día a día: hablar con otros, expresar opiniones, escuchar, negociar, manejar desacuerdos, pedir ayuda, tolerar la frustración o entender cómo se siente la otra persona.
¿Cómo formamos los grupos?
Los grupos no se organizan únicamente por edad. Aunque esta es un factor importante, también tenemos muy en cuenta las necesidades a trabajar, los objetivos terapéuticos y los intereses de cada niño o niña. Esto nos permite crear grupos más cohesionados, donde todos los participantes se sientan cómodos y puedan beneficiarse de la experiencia.
Los grupos son reducidos, precisamente para poder cuidar las dinámicas, dar espacio a cada participante y asegurar que todos encajan bien entre sí. Antes de formar un grupo valoramos de manera individual que los niños y niñas compartan objetivos similares y que el entorno grupal vaya a ser realmente facilitador para cada uno de ellos.
¿Qué hacemos en las sesiones?
Las actividades se adaptan a la edad del grupo y a los aspectos que se estén trabajando, pero hay elementos comunes que suelen estar presentes:
Diálogo y comunicación entre iguales: fomentamos que hablen entre ellos, que se pregunten cosas, que aprendan a iniciar y mantener conversaciones y a escuchar al otro.
Planteamiento de situaciones cotidianas: pensamos juntos qué hacer ante diferentes situaciones que pueden aparecer en la vida diaria (conflictos, malentendidos, enfados, cambios, normas, juego compartido…).
Búsqueda de soluciones: trabajamos la flexibilidad cognitiva, el pensamiento en alternativas y la toma de decisiones.
Juego por equipos: el juego es una herramienta central. A través de él se aprenden normas, cooperación, turnos, liderazgo, aceptación de la derrota y disfrute compartido.
Aprender a ganar y a perder: se abordan las emociones que aparecen en ambos casos, validándolas y ayudando a gestionarlas.
Cuentos y materiales narrativos: leemos cuentos o historias sobre las que después reflexionamos, conectándolas con experiencias propias.
Actividades temáticas: en algunos momentos se plantean sesiones más estructuradas o temáticas, que ayudan a trabajar aspectos concretos de forma lúdica y motivadora.
Todo esto se realiza en un ambiente cuidado, donde se refuerza el respeto, la seguridad emocional y el derecho a ser diferente.
